libro alberto hernandez puertas de galinaPor la orilla del monte pasó Luis Alberto Crespo buscando sabana abierta y no pude preguntarle por Puertas de Galina, libro escrito por mi distinguido amigo, el poeta guariqueño Alberto Hernández, que, como Ángel Eduardo Acevedo, no sabemos en qué puebla nació, con certeza, supongamos, entonces, que Calabozo es la cuna de su primer asomo al mundo, pero dejando a Guardatinajas para cubrir la posible verdad que siempre obliga la invención del hombre, así me quedo, como el pescador de luceros que conocí en el Arauca colombiano: siguiendo el viento en los pajonales para conocer el camino del mundo, el único, que no oculta la noche, el poema.

Quise indagar más por Galina y me perdí detrás de las huellas de Galileo Galilei, me lo dijo Jorge Gómez Jiménez, me costó reconocerme inútil en lo que respecta al conocimiento de las ciudades, de sus nombres; después de muchos intentos me di por vencido, el mundo para mí es el Samán de Apure, más nada, pero como soy un necio, quise parecerme a Américo Vespucci, vano intento.

Lo que sí pude fue deletrear, con gozo, lo que siempre me ha gustado, como esencia de vida: las palabras con que el hombre nombra y canta la vida:

Pasillo

Paso el tiempo en la levedad de una puerta:

a lo lejos
la voz que llama y desatiendo.

Alberto Hernández es el dueño de ese canto que hace reino en Puertas de Galina, ciudad invencionada por el poeta, que suponemos nativo de Calabozo o Guardatinajas, dimensionado en un arco donde todavía la vida persiste aunque la muerte insiste como tiene que ser:

Fauces

Puedes esperar todo el tiempo necesario,
la muerte es sólo un susto,

una boca abierta,
una puerta sin límites,

allá el desierto calma
cualquier desesperanza.

El poeta Hernández, que es de vasta obra poética y ensayística, gana con Puertas de Galina (Editorial Memorias de Altagracia, Caracas, 2010) otra puerta por donde sube y habita otro espacio en su mismo territorio, cual le corresponde, a uno que deja la vida en sus palabras, así lo digo yo y lo dice él en su magnífica poesía.

Alberto Hernández nunca se ha desconocido por dónde el tiempo lo ha llevado, por eso celebro que “…ya nadie entiende ni silabea / como antes / la ausencia o la desgracia…”; brindo entonces por él y me marcho a mis lugares, gozoso de Puertas de Galina.

Alberto Jose Perez