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Carta de Heriberto López a propósito de Fotografías de Familia

poemas familia alberto perezAlberto José, muchas gracias. Es un libro muy hermoso. Son las ocho y media de la tarde, el sol se mantiene como un hoplita viendo el avance de las huestes enemigas. No puedo dar un concepto de los poemas pues estoy  borracho, Carmen me emborrachó en una cantina cerca de mi casa y con dificultad de viejo me tomo los últimos tragos. Mi nieta Casandra la nueva, está preciosa, es sólo para que sepas que la sangre no se detiene y hace deltas deliciosos. Es tu libro un poema lleno del río, creo sin temer a equivocarme que tu abuela era un pez, no tengo la menor duda y tu mamá una garza joven que se aprendía de memoria el río y su pasar incesante igual a un dios que convertido en agua quiere que lo beban, así calmen esa sed del paisaje y las tardes calientes del llano. Me gusta mucho ese libro, los poemas se leen sin ningún esfuerzo y parecen pedazos de sueños que a todos pertenecen. Sé que es una manera de alimentar a tus nietas. Joyce dice, en la parte de Tristan & Iseult (de Finnegans Wake) .

Seraphim
The pale stars awaken
To service till
In moonless gloom each lapses, muted, dim
Raised when she has& shaken
Her thurible
(Serafines/pálidas estrellas despiertas/aún vigilantes/ en la sombra sin luna donde cada uno tropieza/ aturdidas, debilitadas/ cuando ella se ha levantado y agita/ su incensario) es traducción aproximada y sabrás perdonarme. ahora bien, por qué cito a Joyce leyendo tus poemas, porque la memoria es algo que se alimenta de deseos, nada más. Además tus poemas parecen cuentos, lo propio del Aeda, los Celtas creían que la vida era un árbol así como tú supones que lo vivido es un río. De otra parte, voy a enviarle el libro a Alina en Nicaragua, ahora está en Nueva York y se deleitará al leerlo en medio de sonidos sajones, estoy seguro. No sé si puedes volverme a enviar el libro anterior pues al enviarlo lo he perdido, algo hice que el texto desapareciera, es para dejarlo en mi apartado de mensajes telecargados ( fea palabra) prometo no volverlo a perder.
Poeta, gracias, ahora el patio se ha llenado de pájaros, vienen a despedirse, son de una amabilidad que les viene del vuelo, abrazo, Heriberto.

Puertas de Galina, la invención del canto

libro alberto hernandez puertas de galinaPor la orilla del monte pasó Luis Alberto Crespo buscando sabana abierta y no pude preguntarle por Puertas de Galina, libro escrito por mi distinguido amigo, el poeta guariqueño Alberto Hernández, que, como Ángel Eduardo Acevedo, no sabemos en qué puebla nació, con certeza, supongamos, entonces, que Calabozo es la cuna de su primer asomo al mundo, pero dejando a Guardatinajas para cubrir la posible verdad que siempre obliga la invención del hombre, así me quedo, como el pescador de luceros que conocí en el Arauca colombiano: siguiendo el viento en los pajonales para conocer el camino del mundo, el único, que no oculta la noche, el poema.

Quise indagar más por Galina y me perdí detrás de las huellas de Galileo Galilei, me lo dijo Jorge Gómez Jiménez, me costó reconocerme inútil en lo que respecta al conocimiento de las ciudades, de sus nombres; después de muchos intentos me di por vencido, el mundo para mí es el Samán de Apure, más nada, pero como soy un necio, quise parecerme a Américo Vespucci, vano intento.

Lo que sí pude fue deletrear, con gozo, lo que siempre me ha gustado, como esencia de vida: las palabras con que el hombre nombra y canta la vida:

Pasillo

Paso el tiempo en la levedad de una puerta:

a lo lejos
la voz que llama y desatiendo.

Alberto Hernández es el dueño de ese canto que hace reino en Puertas de Galina, ciudad invencionada por el poeta, que suponemos nativo de Calabozo o Guardatinajas, dimensionado en un arco donde todavía la vida persiste aunque la muerte insiste como tiene que ser:

Fauces

Puedes esperar todo el tiempo necesario,
la muerte es sólo un susto,

una boca abierta,
una puerta sin límites,

allá el desierto calma
cualquier desesperanza.

El poeta Hernández, que es de vasta obra poética y ensayística, gana con Puertas de Galina (Editorial Memorias de Altagracia, Caracas, 2010) otra puerta por donde sube y habita otro espacio en su mismo territorio, cual le corresponde, a uno que deja la vida en sus palabras, así lo digo yo y lo dice él en su magnífica poesía.

Alberto Hernández nunca se ha desconocido por dónde el tiempo lo ha llevado, por eso celebro que “…ya nadie entiende ni silabea / como antes / la ausencia o la desgracia…”; brindo entonces por él y me marcho a mis lugares, gozoso de Puertas de Galina.

Alberto Jose Perez

Topo y gano

Alberto Jose Perez

La oscuridad y el silencio, dice el sujeto protagónico, balbuceante por alucinado, es lo que le permite recordar unas piernas varicosas o casi varicosas, con unos pies cuyos dedos parecen estar en buen estado a pesar del rojo de las uñas que, como todo disfraz, ofrece la chispa de la duda. Con gran esfuerzo, el sujeto va tejiendo la historia de los Bares del Sur, de uno en particular, es el escritor incipiente que se asoma, a duras penas, por la resaca que el alcohol en demasía produce, va recordando los hechos que de a poco lo ayudan en la descripción de una casa de putas y de una que se ha marchado, acercándolo a la escritura más que a otro oficio, inclusive, más que al trago que aunque no lo crean también es un trabajo verdaderamente placentero, el sujeto se va trasformando en muchas voces, en grandes y profundos suspiros un día después cuando la memoria ocupa el espacio orgánico de la historia de la casa de putas.

pedro_jose_pisanu escritor venezolanoTodo esto es a propósito De algún lugar del sur y otros cuentos, libro compuesto de 9 narraciones de muy buena factura narrativa, digamos, que poseen un encantamiento cinematográfico y que ha sido publicado por el Sistema Nacional de Imprentas, capítulo del Táchira, en la colección Clásicos Zaranda, año 2008, y su autor es Pedro José Pisanu, merideño, profesor de literatura y avecindado en San Cristóbal; ha obtenido el Premio de Cuentos de los Circuitos Culturales de la Dirección de Cultura y Bellas Artes del estado Táchira; tiene en su haber varios libros de cuentos publicados: Diario de Brom y otros relatos, El color sepia, El premio, El pirómano. (Ver libros)

Qué puedo decir si no que se trata de un magnífico narrador que tiene la bella fortuna de no aparecer en esos “inventarios” de grandes cuentistas porque siendo la mayoría menores de edad al respecto, sus obras no nos ofrecen la oportunidad de una segunda lectura o más como sí la tenemos con la obra de Pedro José Pisanu, la cuentística de Gallegos, Orlando Araujo, Denzil Romero y otros poquísimos y muy respetados autores que se me escapan en este momento; en Pedro José Pisanu sus historias no se empequeñecen ante nada y ante nadie, topo y gano, en De algún lugar del sur y otros cuentos.

 

Retrato de memoria de Alberto Jiménez Ure

En Tía Juana, población del estado Zulia de la ahora República Bolivariana de Venezuela, nació el escritor, ensayista y poeta Alberto Jiménez Ure, vecino, hace muchos años, de la ciudad de Mérida, donde en alguna mesa o barra de aguas encantadas nos dimos la mano, de eso hará unos 30 años por la medida chiquita, es decir, el tiempo mínimo que yo calculo, de nuestro encuentro, que sigue siendo el piso de una grata y fructífera amistad; por supuesto, ya se ha jubilado de sus labores en la universidad, es un viejo como yo, laboralmente hablando.

alberto jimenez ure poetaSu primer volumen de cuentos: Acarigua, escenario de espectros, es el testigo de una serie de títulos que abarcan todos los géneros literarios, sin dejar de lado la filosofía. Jiménez Ure, como Carlitos Contramaestre, su amigo y mío también, en su tiempo, ya ausente de nuestra vista mas no de la memoria, es un testigo excepcional de la vida literaria, política y social de la ciudad de Mérida; en lo político es un referente obligado de la resistencia al actual gobierno sin desconocer la huella buena; en lo literario no aplaude mediocridades ni medianías, y vida social abundante tiene, el escritor goza la atmósfera tibia del hogar, allí es el escenario de su oficio, la escritura, la calle ya no es emoción del goce de la noche ni del café, conversadito, vivimos tiempos de disparos, atracos y atropellos. Pero el escritor que es no huye de esa realidad, la confronta con ideas que el crecimiento del mundo civilizado le permite esgrimir ante el regreso del abismo, las sombras del infierno, con quien combate cuerpo a cuerpo, lo he visto y así lo señalo, nadie me lo ha contado.

Jiménez Ure es un pensador, mejor dicho, un escritor-filósofo, que a veces la fuerza de la poesía lo atrapa, huracanea sus cabellos y sus pequeños y oscuros espejuelos se convierten en los hitos que señalan las fronteras de un hombre ante su realidad y su tiempo.

Muchas son las historias de ficción que Alberto ha construido, mucha también su poesía; gratas, muy gratas sus reflexiones filosóficas, así como verlo en el marco de una ventana, asomado a una ventana, como si desafiara una bala perdida, es la imagen cinematográfica que él mismo se ha hecho, palabra a palabra como si fuera el mismísimo Alberto Jiménez Ure, redivivo, en todos sus libros.

El regreso del caracol – Celebraciones

Celebraciones, libro escrito por Alberto Jose Perez.

Libro Celebraciones Alberto Jose PerezAdemás de ostentar un lugar destacado en la poesía venezolana contemporánea, el escritor venezolano Alberto Jose Perez es un cronista cabal y prolífico. Celebraciones reúne una veintena de sus crónicas en las que, como se intuye en el título, despliega el aplauso contagioso en favor de sus no pocos afectos literarios.

Nelly Fernández, Gonzalo Fragui, Ernesto Román Orozco, Yildret Rodríguez Ávila, Caupolicán Ovalles, Fidel Flores, Jesús Enrique Guédez y muchos otros autores venezolanos aparecen en las páginas de Celebraciones como protagonistas de breves textos en los que se congrega la certera reseña literaria y la sabrosa anécdota.

“Soy dueño de la inmensa fortuna de tener buenos amigos, cuyas obras son imposibles de obviar a la hora de escribir, discernir, sobre el cine y la literatura nacionales: gente de honor y trascendencia, a toda prueba, que han dado ‘frutas del sol a todos los oscuros’ ”, dice Pérez en una de las crónicas incluidas en el libro.

Nacido en la población apureña de El Samán en 1951, Pérez es director-fundador de la revista literaria Icam y del sello editorial del mismo nombre. Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio de Poesía de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (Unellez, 1987) y el Premio Único de Poesía de la Bienal de Literatura de la Universidad Central de Venezuela (UCV, 1991). Entre sus poemarios se encuentran Los gestos tardíos (1975), El libro de Barinía (1985), Marca (1984), Olor de amor (1995), Como si valiera un siglo (1996), Retrato de memoria del corazón de una mujer (1997), Un poeta como yo (2006) y la antología poética El poeta de quien les hablo (1999).

Jorge Gómez Jiménez, revista Letralia. Calle La Victoria, Nº 03-16. Urbanización Francisco de Miranda (Fundacagua). Cagua 2122, estado Aragua (Venezuela).

Libro – Un poeta como yo

Cronica del Libro – «Un poeta como yo» de Alberto Jose Perez

I

La afirmación en primera persona nos augura un viaje por los fantasmas del poeta apureño nacido en El Samán, Alberto José Pérez, radicado en Barinas desde hace muchísimas carcajadas, bendiciones y alteraciones del tiempo. Se trata de un libro en el que el poeta se consume en su íntimo y angustioso pronombre personal, tanto que revela lo que mejor hubiese oficiado en la vida. Un poeta como yo registra con mucha alegría las mofas de la muerte, los asaltos de la nostalgia, los recuerdos acumulados en la casa, puestos a la disposición de quien quiera conocerlo en la página 37 de la edición de Mucuglifo (Mérida, 2006):

Un poeta como yo
Hubiese sido un buen vendedor de carne
De esos que llamamos pesero
O el prefecto
Más recordado de El Samán de Apure
Por aquello de que cada quien
Haga lo que le plazca
Pero un poeta como yo
Nunca sacaría una muela a un cristiano
Ni dedicaría un poema al Che Guevara
Ni a Fidel Castro
Y menos aun a Mister Bush.

Eso sí
A José Alfredo Jiménez
A Chavela Vargas
A Alfredo Sadel
Himnos de alabanza y amor.

Bertrand Russell dijo
Que los celos son una manifestación de envidia

Yo soy entonces
Un envidioso incurable
Y tú
Bonita
Lo sabes.

un poeta como yo por alberto jose perezUn espíritu cotidiano, embridado por la fuerza de quien sabe que la noche viaja en el silencio, que la muerte y la vida podrían ser una broma, no descarta ser puesto a prueba por las palabras, herramientas de placer y dolor, de vértigo y agonía. Alberto José Pérez, quien con El espejo y la memoria nos sacudió y supo ubicarnos con el Retrato de memoria del corazón de una mujer, en esta ocasión regresa desde el polvo sabanero de Barinas a entregarnos esta confesión, la de advertir su condición de poeta, de hombre sometido por las imágenes de su soledad, por los ruidos de una hora que ha sabido consumir parte de nuestra existencia. No en vano nos “relata”, valido de las voces de su tránsito vital, las reflexiones vertidas desde la ventana de la memoria: “Hasta esta fecha / Y a mis cincuenta y tres años / Vividos satisfactoriamente / Pude reírme de mí mismo // Me reí de la camisa que llevé / Durante el día / Me reí de mis zapatos / De mi nariz enrojecida por el sol / De mi cuenta bancaria / Me reí de la disculpa que di / A una señora / Que casi me manda al otro mundo / Con su automóvil // En fin / Reí mucho de mí mismo / Y al volver a casa / Y decirle a los perros / Que no conseguí nada / De lo que salí a buscar / También reí // Ellos entienden / Usted / Quizás”.

La ironía, la burla, la sorna, con una ineludible carga de tristeza que rasguña el poema, hacen de este libro de Alberto José Pérez constante que en sus trabajos anteriores son la carne propia de una poética vertebrada por la misma manera de ser el hacedor de imágenes.

II

Tres años antes, llegado el medio siglo de vida, el poeta Pérez se duele de quienes lo han herido, de quienes lo han mirado por encima del hombro. Por eso, deja escrito: “Cumplidos los cincuenta años / Miro en la ola / A los que conozco / De vista y trato // Los más de ellos / Me odian y me desprecian // Abro los días / Abro las noches // Sin el sudor / Del que está perdido / En su propio excremento”.

No obstante, después de ese paseo por esa acritud, el hombre que escribe estas páginas, el nostálgico de El Samán de Apure, pronuncia, sin dejar de recordar el dolor del poema anterior: “Por lo general / Soy un hombre de cosas buenas // Si alguien se ha molestado conmigo / Es porque también / Generalmente / Digo la verdad / Pero miento / Cuando la verdad / No vale la pena decirla // Como ven / No escapo / Del rodeo humano // Disfruto el silencio / Y la certeza de que los míos / Duermen o comen / Cuando hay que hacerlo / Con la edad / Ha sido más llevada la vida // Soporto mejor las ingratitudes / de gente que creía muy mía // soy / como Dios / no perdono // He viajado adonde he querido // Duermo bien / Y como dichosamente / Lo que esté a mi alcance // Soy envidioso / Yo envidio a la gente sencilla / Que se sienta a las puertas de sus casas / Casi desnudos y descalzos / felices de la vida // Casi no compro objetos inútiles // Soy el mejor de los amigos / Y aunque no lo crean / He sido fiel a mis mujeres / Como a este país / Que se debate entre la vida y la muerte…”. Este largo canto recoge el interior del poeta y los reflejos del paisaje que lo aprisionan. No deja pasar nada Alberto José Pérez, desde el amargo sabor de algunos días y la alegría de no ser “mejor que nadie / Sólo que disfruto lo que me gusta de la vida / A mi antojo / Y eso me distingue…”. La vida, epicúrea al fin, se debate entre los devaneos de los amigos, la buena mesa o un trago para la eternidad: “Es hora de café con nuez moscada / De tabaco / de mirar hacia el teléfono / Y escuchar un rato a Carlos Vives / Sólo para comprobar que estoy vivo”.

III

Un poeta como Alberto José Pérez sabe llorar. Nada le es ajeno: si la felicidad está en el sorbo de un café, en los muslos de una mujer, en el sabor de un cigarrillo a cierta hora de la madrugada, también un poema puede conducirlo al llanto: “Ana Ajmátova llegó ayer / Leí sus poemas en la lengua que entiendo / Que quede claro / En el español que habla María Fernanda Palacios // Al final / Les cuento / Que terminé llorando / Como un condenado a muerte // Tanta desdicha / Tantos golpes bajos / Y cantaba / Dolorosamente hermoso”.

Este poemario de Alberto José Pérez nos alegra y nos conmueve. Nos aturde y nos perturba. Un poeta —como el nacido en El Samán de Apure— no podía dejar de sentir que el mundo está tan vivo como su corazón.

Cronica realizada por: Alberto Hernandez