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Poemas de belleza particular, deliciosos

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Por: Alberto José Pérez

Es larga la lista, son poemas de belleza particular, deliciosos, poemas creados libres de las modas y aires académicos de escuelas de Letras, aunque todos ellos son o fueron gente de academia, paso y gano, diría un jugador de ajilei. Sus autores son cantores apasionados de lo que amaron o aman, en el dolor o la dicha gloriosa de una mirada, en una edad o un viaje, o en las pequeñas y fabulosas historias de los pueblos, o en el silencioso andar de la muerte tras el hombre.

Los autores que vienen a mi mente en este instante son de mi más alto afecto intelectual y personal, son poetas que han tejido una poesía de un universo emocional, único. Eso sí, de per les diferentes, territorios de mucha belleza verbal, en cada paso ciudadano de sus huellas, como llama en la oscuridad que señala tesoros, he aquí un ejemplo:

MI BICICLETA ES UN BARCO QUE RUEDA SOBRE EL AGUA*Captura de pantalla 2014-10-03 a la(s) 11.04.57

Yo tuve un barco bicicleta

Con una chimenea alta de cielo

Y una larga sirena

Que aullaba por las tardes en los viñedos

Surqué el mar

Con mi bicicleta

Mi bicicleta volaba de cresta en cresta

De espuma en espuma

Como un rayo de agua

En el baúl de mi barco bicicleta

Van todos los muertos

Los que no lloran

Y los callados

No pierde forma

Ni compostura

Acomoda por igual a fantasmas

Siluetas y cantantes

Mi barco es un barco que rueda sobre el agua.

*Cósimo Mandrillo

(De la muerte y otros regazos)

Pareciera el objeto más entrañable de un niño

cuando ya el horizonte no es el que miraba des-
de la ventana de la casa, en la tierra del mundo

nativo, así lo asumo y lo disfruto. Pero también

las ciudades, en especial la Mérida de Venezuela,

anida su arquitectura, su aire, su serranía, su paisaje humano, en el corazón de un poeta:

ESTA CIUDAD DONDE HABITO*

Alarifes de tus palabras contemplativas,

oidores de las voces sugestivas del entorno

te asentaron.

La señal de los altos riscos, la idea

Asumieron.

Prestaron del beato iris sus claros colores.

Sin estridencia,

los juglares.

Recuerdan los ritmos de tus ventiscas

Sus hadas.

Ciudad, tus poetas te hicieron.

Fulges por ello siempre con tu rostro de luna,

resplandeces estoica en el verdor de tu reino,

aún.

*Lubio Cardozo

(Mérida, una ciudad hecha de poesía)

El río también se muestra en la palabra del poe-
ta, mágico en su mundo de conquistas, en su paso

“al morir”:

EN LA BRUMA*Captura de pantalla 2014-10-03 a la(s) 11.05.37

Las piedras se suavizan cuando las rozas con tu cuerpo

/memorioso y frágil

Larga serpiente que atraviesa la montaña del caracol dulce.

*Fidel Flores

(Papeles del río)

El poeta que viene ahora es de la edad media y

su nombre está fresco, todavía, en la memoria del

mundo, aquí lo traigo, genial en su poética, cuando

le canta a Doña Endrina, El Arcipreste de Hita:

¡Ay Dios, e cuan fermosa viene Doña Endrina por la plaza!

¡qué talle, qué donaire, qué alto cuello de garza!

¡qué cabellos, qué boquilla, qué color, qué buen andanza!

Con saetas de amor  ere cuando los sus ojos alza.

Hay, en estos poetas, mis poetas, gran variedad de cantos, deliciosos, estos que hoy comparto, los gozo en voz alta en mi reino de este mundo, mi casa. No se me queda fuera de mis alforjas, el dolor, cuyo mejor retrato es aquel “tanto que te lo dije Susy” de mi admirado poeta y hermano, Pedro Parayma.

 

Un mar baldío

Este 15 de noviembre salió una publicacion escrita por mi en el Diario El Periodiquito de Maracay, Estado Aragua, Venezuela. Esto que escribi se llama «Un mar baldío».

ALBERTO JOSÉ PÉREZ

Podría decir que Jorge Gómez Jiménez tiene más nombradía que corocito  varguero, aquél lugar de vaquerías, que Ángel Custodio Loyola inmortalizó con su voz, digo que es así, sencillamente, ahora que apareció en el mundo de la poesía mostrando poesía, no lecturas recreadas en verso, Mar Baldío, un cuadernillo editado artesanalmente por el Taller Editorial El Pez Soluble, en julio del año en curso: sabía de sus cuentos, de sus dos novelas y de su obra magnífica: Letralia, la revista electrónica de los escritores latinoamericanos.

Dice su discurso con la serena armonía cuando “la carencia de rumbo/ apunta con certeza/ al rumbo final/ definitivo/ de una isla sin farsas/ donde se haga improcedente/guarecerse de la lluvia/ de los elementos. Pero el hombre que es, llega más allá, navega en una sola palabra sin propietaria más la hipotética partida del objeto del canto se torna, por qué no, obsesiva, expande la voz y en ruego desafiante, la nao deshabitada, recoge las velas y canta: Ven a mi pueblo/ asalta mis bancos/ toma rehenes/ sé muy ilícita…”

Pero es el amor el puerto o la palabra mágica que permite al poeta brindarse a sí mismo, el consuelo de la sombra del horizonte marino, mientras en el desafío confiesa que sus naves o la nave que es, en el corazón del libro, están o está perdido. Es tarde, el albatros abraza la noche y navegante y barca, también, es la mágica  eternidad del hombre, en su búsqueda de la casa del espíritu, el deseo de ser habitado, ser pertenencia o vida correspondida en los ardores, aunque sea de un buen  despecho, que eche pa lante el desengaño y sus dolorosos siglos que valen los minutos en esa condición.

En Mar Baldío, en cada verso, el hombre termina de rodillas, a la orilla de una isla que todos pretendemos alcanzar en algún o muchos momentos: el amor, pero qué lavativa que las brújulas de todos los barcos del mundo, señalan su rumbo pero se hunden aunque sea en la orilla, se hunden y el hombre y la mujer se toman de la mano, sólo de la mano, cuando pocas veces reman juntos, en la maraña que ellos mismos crean, para dolerse en las despedidas como si fuera realmente, la gran alegría de la vida, los caminos disparejos, para “ volver la sonrisa al revés».

publicacion alberto perez el peridiquito aragua